Pérdida de apetito, ¿qué causas existen?

La pérdida de apetito puede estar causada por una variedad de factores, entre ellas causas emocionales, enfermedades, medicamentos o, incluso, la estación en la que estemos. En algunas ocasiones, la pérdida se va a prolongar durante un corto periodo de tiempo, sin embargo, en otras, puede perdurar durante una larga etapa de la vida. Si has perdido el apetito, es importante que encuentres la causa a tiempo, ya que podrías sufrir una desnutrición.

Entre los factores de la pérdida de apetito encontramos:

  • Las enfermedades infecciosas que afecten, sobre todo, al tracto digestivo pueden inhibir las apetencias por la comida, especialmente las derivadas de intoxicaciones alimentarias. Las intolerancias, como a la lactosa o al gluten, también pueden manifestar este síntoma cuando aparece un episodio.
  • La falta de apetito también puede manifestarse si te encuentras sometido a un estrés emocional intenso. Perder a un ser querido, perder el puesto de trabajo o divorciarte pueden ser ejemplos. No obstante, las buenas noticias también pueden llegar a quitar tus ganas de comer, los factores de estrés positivos como bodas y otros eventos importantes pueden causar la pérdida repentina de apetito, ¡hasta enamorarte!
  • Los efectos secundarios de ciertos medicamentos pueden ser relevantes entre las causas de la pérdida de apetito. Algunos fármacos que pueden afectar son los utilizados para tratar el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y los medicamentos para perder peso. Si estás en un tratamiento de quimioterapia, el apetito puede verse reducido por los efectos secundarios del mismo.
  • En una etapa de la vida donde sucede con frecuencia es en la vejez. Las personas de edad avanzada pueden experimentar lo que se denomina hiporexia. Esto suele suceder porque la persona anciana percibe menos los olores y los sabores o por circunstancias que vivan como la pérdida de seres queridos de su alrededor o estar en soledad. También, la falta de apetito puede estar causada por una gran cantidad de medicamentos que pueden estar tomando.
  • En verano es posible también experimentar pérdida de apetito. Es una época donde el cuerpo no necesita tanto alimento para mantener el calor, a diferencia de lo que sucede en invierno. Es posible que tu metabolismo se ralentice y, con ello, pierdas las ganas de comer durante esta época. En invierno tendrás más hambre porque, para conservar el calor, el cuerpo te pedirá más energía para poder quemar y mantener la temperatura corporal en los rangos.
  • Otras enfermedades como el VIH, enfermedad renal, cáncer, hepatitis o enfermedades cardíacas también pueden reducir el apetito. En algunos casos, la pérdida repentina del mismo ocurre ya en etapas avanzadas de una enfermedad, como se percibe con la insuficiencia cardíaca congestiva o la insuficiencia renal.
  • Las enfermedades psíquicas, como la depresión, el trastorno de ansiedad y la esquizofrenia, también pueden causarte una pérdida repentina del apetito, especialmente si los síntomas de la enfermedad subyacente aumentan repentinamente.

Si empiezas a experimentar esta pérdida por las ganas de comer, debes analizar tu situación clínica o si los anteriores factores nombrados pueden estar relacionados con tu caso. Ante todo, debes tener muy en cuenta tu peso. Tendrás que prestar mucha atención y observar si empiezas a perderlo rápidamente, puesto que podría ser señal de una enfermedad subyacente que desconozcas.

Para recuperar tu apetito recuerda colocar comidas apetitosas, de buen olor y textura. También, puedes utilizar caldos ricos en purinas (compuestos que estimulan la secreción gástrica y el apetito).

Todo debe estar en su medida. Tener un apetito saludable puede reflejar salud, mientras que la pérdida repentina o la disminución de la misma puede indicar un problema puntual o crónico. Es importante acudir a un profesional que te pueda indicar y asesorar para poder aumentar el apetito y empezar a comer con ganas cuanto antes.

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